miércoles, 21 de noviembre de 2007

Nuevos restos amplían el poblado indígena de La Trinidad

El hallazgo de un tramo de pavimento de conchas en la zona de San Pablo refuerza el importante papel que tuvo este asentamiento dentro de la colonia fenicia de la ciudad. ALEJANDRA GUILLÉN. MÁLAGA

A muy pocos metros de la plaza de San Pablo y en pleno corazón del barrio de La Trinidad, la arqueología ha ahondado en la historia más lejana de Málaga que permanecía sepultada por toneladas de tierra y polvo.
La intervención de las arqueólogas Carmen Íñiguez y Mercedes Ferrando en un pequeño solar de la calle San Pablo, esquina con Trinidad, ha reforzado la existencia de un poblado del Bronce final, que también ha aparecido en anteriores excavaciones en terrenos del barrio trinitario.
Pero también los restos han permitido ampliar la superficie de extensión del asentamiento indígena en esta zona de la ciudad. Si en otras intervenciones en la plaza de San Pablo se descubrió este hábitat prehistórico, sacando a la luz restos de cabañas circulares y algunos silos -en calle Zamorano se localizaron utensilios característicos de la época, como cerámicas a mano y fragmentos fenicios y griegos-, ahora estos dos yacimientos han aumentado más el área de actividad de este poblado.
Y es que los vestigios aparecidos en los dos sondeos han reafirmado que hubo un asentamiento durante el periodo orientalizante (siglo VII a. C.). El descubrimiento de un tramo de pavimento de Bivalvos, muy característico de esta época y compuesto por un conjunto de conchas de la especie ´glicimeris´, "extraplayadas y que los indígenas recolectaban a orillas del mar", podría pertenecer a una choza del poblado indígena que se ubicó en la zona de San Pablo.
El hallazgo, apunta la arqueóloga Carmen Íñiguez, cuenta con una mayor extensión que el localizado en el yacimiento de la calle Císter y se enmarca dentro de la colonia fenicia de Málaga y el asentamiento del Cerro del Villar.
Relaciones. A tenor de los restos aparecidos, este poblado de indígenas autóctonos, con una extensión mayor de lo que se pensaba, mantuvo unas relaciones comerciales frecuentes y continuadas con la civilización fenicia.
Este yacimiento, que tiene paralelismos con el descubierto en el Cerro de la Era, en el municipio de Benalmádena, también ha arrojado restos de cerámicas hechas a mano por los indígenas y fragmentos de ollas. "El pavimento de conchas se ha cubierto con una capa de geotextil y grava para garantizar su protección", apunta Íñiguez, que ha trabajado en la excavación dentro del equipo de CIS Arqueología.
Respecto a la necrópolis romana aparecida en la zona a principios de los años 90, ambos sondeos no han documentado estratos de su presencia, pero sí han salido a la luz niveles de época islámica, que en opinión de la arqueóloga, podría tratarse de una zona de huerta.


Tres piletas de salazones
La arqueóloga Carmen Íñiguez realizó un sondeo en un solar de la calle Salinas, que desveló nuevos ejemplos del esplendor industrial de la Málaga bajoimperial (finales del siglo III hasta el V d. C.). En la excavación se localizaron tres estructuras de piletas, dispuestas en batería, pertenecientes a un complejo manufacturero para la producción de salazones y el famoso ´garum´. Este hallazgo ha corroborado el empuje y el protagonismo que tuvo Málaga en la consolidación de un potente tejido industrial de salazones de pescados en la etapa romana. Estos ejemplos de esta actividad manufacturera, asimismo, refuerzan la teoría sobre la cercanía de la costa en aquella época. "Los salazones y las salsas de pescado se trasladaban al puerto en barcazas", apuntó.

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